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El prieto y la güerita

  • Foto del escritor: Galleta
    Galleta
  • 18 jun 2018
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 6 feb 2019


-"Cuando no hay futuro,

¿cómo puede haber pecado?”

JOHNNY ROTTEN, VOCALISTA DE SEX PISTOLS



Muchos años atrás, paseaba por el Centro Histórico de la Ciudad de México y la persona con la que iba me señaló: “Ahí, esos, tómales una foto… esos que están en el piso, el prieto y la güerita”. Sé que no hubo una intención directa negativa, por parte de mi acompañante, al describirlos así. Cuando hablamos, en la comunicación cotidiana, tendemos a simplificar el lenguaje para transmitir económicamente las ideas… sin embargo, se me quedó dando vueltas la descripción soez y, a la vez, efectiva (dado que los localicé de inmediato tras lo dicho). ¿Cómo hubiera sido mejor nombrarlos? ¿El chico moreno y la chica de piel clara? Porque también, cuando nos detenemos demasiado a analizar si la forma en que nos referimos a otros es correcta, y buscamos una forma artificial de no ofender, estamos siendo condescendientes.


La pareja que estaba sentada en el piso no escuchó que mi acompañante se refirió a ellos así, mucho menos supo de mi dubitación moral. Ellos me dejaron tomarles varias fotografías si se las compartía por correo después. Debo decir que estaba empezando a usar esa cámara y a tomarme en serio la fotografía, por lo que me avergonzaba un poco retratar personas, “pedirles permiso”. Según yo, las fotos no fueron buenas, pero a ellos les encantaron cuando se las mandé e incluso ofrecieron pagarme. Me negué y entonces me invitaron a “una tocada” pues ella cantaba y él era guitarrista de una banda punk.

No nos volvimos a escribir y no fui a la tocada. Cuando busqué la dirección en una Guía Roji (sí, no había waze todavía) me pareció que además de lejos, era un rumbo peligroso. Tiempo después, tomando una cerveza con la misma persona que me acompañó aquella vez de las fotos, me enteré que él sí había ido; de hecho, me contó que fue como un festival con varias bandas y que se la había pasado muy bien. Aquel, al que había prejuzgado por su forma de referirse a la pareja, no tuvo problema con ir solo a ese lugar “peligroso” que a mí me había dado miedo.




¿Desde dónde juzgamos a los otros? Es más, ¿por qué tenemos que juzgar a los otros en primer lugar? Por supuesto, no pretendo establecer cuál es la manera correcta de mirar a nuestros prójimos. Sólo creo que vale la pena preguntarnos, de vez en vez, de dónde provienen nuestros prejuicios. Así, de forma individual, cada quien.


Hace unos días abandoné un grupo virtual de fotografía. La dinámica era interesante: Un fotógrafo sube una foto y escribe todos los parámetros técnicos, luego los demás fotógrafos critican y sugieren mejoras. Todos aprendíamos: ganar-ganar. Entonces alguien subió una muy buena foto de boda, una pareja gay. Nunca había visto tantos comentarios en el grupo: descalificaciones, homofobia, misoginia, insultos en general. Muchos latinoamericanos, unidos por el idioma y la fotografía, peleando hasta el hartazgo.

En lo personal no me interesa pelear así, sin posibilidades de ganar, porque no hay vencedores a partir del odio. Prefiero cuestionarme a mí mismo, cada que me descubro prejuzgando. Y prefiero rodearme de gente que entiende que un futuro mejor es posible, que la desaparición del odio anquilosado de la intolerancia tiene sus días contados. Claro, toda esperanza requiere de esfuerzos personales.

Mejores tocadas de punk para todos. ¡Vayan!

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